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BAÑOS DE SOL
 
            El sol es un factor imprescindible para conservar nuestra vitalidad, juventud o recuperar la salud perdida. La cura solar es uno de los medios más eficaces dentro de la práctica natural para restablecer la salud y energetizar nuestro organismo, estas curas solares tienen que ser aplicadas con método si se desea obtener óptimos beneficios.
            El sol ejerce su acción beneficiosa por una parte directamente en la piel y por otra indirectamente sobre los demás órganos del cuerpo. Sobre la piel, porque ésta acumula energía vital de reserva que luego va cediendo al organismo vivificándolo en todas sus funciones, el sol en la piel forma la vitamina D y aumenta la vitamina A, elimina el ácido úrico y otras sustancias perturbadoras, actúa sobre el raquitismo, aumenta las defensas contra microorganismos, todos conocemos su acción anti-microbiana por excelencia, disminuye la capacidad de estos para reproducirse eliminándolos finalmente.
            El sol actúa como un poderoso excitante de todas las funciones de la piel y a través de ella mejora la circulación de la sangre y la respiración, estimula las funciones del sistema nervioso y de la nutrición y al actuar este sobre las terminaciones nerviosas obra como calmante de dolores nerviosos y algunas formas de reumatismos. Las terminaciones nerviosas de la piel son excitables por la luz siendo un poderoso tónico natural de los nervios y estimulante de los centros cerebrales. Después de las curas o exposiciones al sol solemos mostrarnos más alegres y optimistas.
            El sol emite diferentes tipos de radiaciones y cada una posee efectos particulares sobre la salud y el organismo:
Fortalecedor óseo: La radiación ultravioleta del tipo B (UVB) favorece la síntesis de vitamina D, la cual necesitamos para que el calcio y el fósforo se fijen en los huesos y para metabolizar los hidratos de carbono.
Acción antibacterial: Bajo la acción de las radiaciones ultravioleta muchas bacterias pierden la capacidad de reproducirse, reducen su vitalidad y mueren. Cuando nos exponemos al sol, esta acción antibacterial se produce directamente sobre la piel. Por otra parte, existe un efecto antibiótico indirecto porque la luz solar aumenta la cantidad de células inmunitarias –glóbulos blancos- en la sangre.
Antidepresivo: La luz del sol resulta imprescindible en la regulación de la secreción de hormonas y neurotrasmisores. Por eso, cuando escasea se multiplican las probabilidades de sufrir depresión e incluso, pueden producirse desordenes del estado de ánimo.
Antiinflamatorio: El sol estimula la circulación sanguínea y las terminaciones nerviosas de la piel, lo que produce un efecto analgésico. Los dolores musculares, debidos a contracturas o contusiones, y las inflamaciones superficiales pueden ser aliviadas gracias a la helioterapia. Incluso la tensión arterial se reduce al dilatarse las pequeñas venas que recorren la piel.
            Los baños de sol están indicados para combatir y tratar diversas enfermedades y desordenes. Estos son los más habituales:
Anemia: El déficit de glóbulos rojos, que transportan oxigeno, es una de las indicaciones tradicionales de la helioterapia. Los rayos del sol, especialmente los tomados en la alta montaña, provocan un aumento directo de los glóbulos rojos en circulación y aceleran la curación si se complementa con una dieta especial o con suplementos.
Trastornos Digestivos: La cura solar puede incluirse en el tratamiento de malas digestiones, estreñimiento, falta de apetito, diarrea, cólicos y candidiasis. Los efectos positivos se deben a una mejor circulación de la sangre en los órganos relacionados con la digestión, lo que estimula la secreción de jugos gástricos y la asimilación de los nutrientes. Pero no conviene tomar baños de sol cuando hay hemorragias, inflamaciones o acidez en el estómago.
Sistema Respiratorio: Se recomiendan los baños de sol de la cintura para abajo con el fin de descongestionar los pulmones, al mismo tiempo que la persona se beneficia de las propiedades antibióticas y fortalecedoras.
Osteoporosis: Es una de las indicaciones evidentes, puesto que el sol provoca la síntesis de vitamina D y esta ayuda a fijar los minerales en los huesos. Por esta misma razón, los baños de sol, especialmente si se realizan a orillas del mar, están indicados en casos de fracturas.
Diabetes: El sol -como la dieta, el ejercicio y los baños de aire- estimula el funcionamiento del metabolismo y en consecuencia la secreción de insulina y la asimilación de los hidratos de carbono.
Genitales: Los baños de sol sobre los órganos genitales de la mujer son eficaces en la sequedad vaginal, las infecciones por hongos, las menstruaciones dolorosas y la insuficiencia en los ovarios. En el hombre, la cura solar se utiliza contra la impotencia, la erección débil y las inflamaciones de la próstata.
Afecciones de la piel: La helioterapia consigue excelentes resultados sobre ciertas clases de acné y las impurezas de la piel. En otras enfermedades más complejas, como el eccema, la psoriasis o las heridas que no cicatrizan, también está indicada como tratamiento complementario y bajo control médico. En muchos casos se recomienda combinar el sol con los baños de agua de mar y la dieta.
Enfermedades renales y urinarias: Al activar la circulación de la sangre, el sol mejora el funcionamiento de los riñones y favorece la eliminación de líquidos. Mediante la intervención sobre la asimilación de los minerales, los rayos solares pueden prevenir la reaparición de cálculos.
Trastornos nerviosos: Además de la depresión estacional, los baños de sol están indicados en la depresión leve, la falta de vitalidad, la irritabilidad y la anorexia. El tratamiento ideal de los trastornos nerviosos consiste en realizar jornadas completas de contacto con los elementos naturales, paseando entre árboles, tomando a lo largo del día breves baños de sol, seguidos de baños de agua y sesiones de ejercicio físico. Si la terapia se realiza en grupo, los efectos beneficiosos se multiplican.
 

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